Mitos y verdades sobre lavarse las manos

Lavarse las manos es una acción que parece muy sencilla, pero no lo es.  Aunque hay muchas pruebas de que lavarse las manos tras alguna actividad, antes de comer, después de ir al baño o luego de viajar en transporte público puede reducir la propagación de enfermedades, sólo el 5% de las personas se lava las manos correctamente todo el tiempo.

Un estudio observacional entre más de 3.000 personas encontró que el 10% entró a los baños públicos y no usó los lavamanos. Y si lo hicieron, el 33% no utilizó jabón. Dato importante porque, por desgracia, no podemos resistir tocar nuestras caras, haciendo que los gérmenes se diseminen de nuestras manos a nuestras narices y bocas, donde pueden entrar en el cuerpo.

Investigadores de Brasil y EE.UU. descubrieron que tocamos superficies en espacios públicos un promedio de 4 veces por hora y nuestras bocas o narices alrededor de 3 veces por hora. Así que está claro que tenemos que lavarnos bien las manos. El problema es que hay muchos mitos sobre cómo hacerlo. Aclaremos algunos.

¿El agua caliente es mejor?

Es cierto que el calor puede matar a las bacterias, pero el agua tendría que estar muy caliente para que esto suceda. La salmonela, por ejemplo, puede sobrevivir a temperaturas de 55 ºC durante más de 10 minutos. Pero si te lavas las manos en agua tan caliente tendrías graves quemaduras en la piel. Además, los investigadores encontraron que si el agua era fría, caliente o tibia no hizo ninguna diferencia estadísticamente significativa en cuanto a la cantidad de bacterias que permanecían en las manos.

¿Es mejor el líquido antibacteriano que el jabón?

En 2007,  varios estudios llegaron a la conclusión de que la sustancia más comúnmente encontrada en los líquidos antibacterianos, el triclosán, no reducía el número de bacterias que quedaban en las manos de las personas después de lavarse, ni era mejor que el jabón para prevenir los síntomas de una infección. Una revisión más reciente en 2015, llegó a las mismas conclusiones y además precisó que el triclosán podría aumentar el riesgo de resistencia antibacteriana, lo que ha llevado a una prohibición de esta sustancia en los líquidos antibacterianos en EE.UU. y en la Unión Europea. Así que debemos regresar al agua y jabón a cualquier temperatura que prefieras.

¿Necesitas secarte las manos después?

Cuando tienes prisa, es tentador dejar que tus manos se sequen solas. Eso está bien si no tocas nada al salir del baño. Si lo haces, podrías recoger gérmenes, porque se trasladan a tus manos más fácilmente si están mojadas. De manera que es mejor siempre secarlas para reducir el riesgo de cualquier resto de microbios que quede.

¿Secador de aire o papel?

Hay mucho debate alrededor de esto. La mayoría de las recomendaciones están a favor de las toallas de papel usadas apenas una vez, porque puede ser más rápido que esperar que lo haga un secador de manos eléctrico.  Sin embargo, se ha demostrado que éstos secan las manos con la misma rapidez y eficacia que las toallas de papel. Diez segundos con una toalla o un secador dejan las manos igualmente secas. En todo caso cualquier método que aliente a las personas a secarse las manos, en lugar de dejarlas húmedas, es una mejoría.

Sea cual sea la forma que elijas para lavarte y secarte las manos, el principal hallazgo de la investigación es hacerlo más tiempo del que piensas. Para lograr una buena espuma y lavar las palmas y la parte posterior de las manos, así como entre los dedos, debajo de las uñas, y hasta las muñecas se necesitan al menos 15-30 segundos.

Prensa Funcamama

 

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