Se cumplen 40 años del “Parto Humanizado”

En 1977, un hospital estatal cerca de París comenzó a cambiar la forma en que las mujeres daban a luz. El médico francés Michel Odent consideraba que el parto se había vuelto demasiado científico y quería ensayar un enfoque más natural, más humano.

“Cuando llegué a Pithiviers en 1962, -explica Odent-  la manera en la que las mujeres daban a luz era igual que en otros sitios: acostadas y con las piernas elevadas apoyadas en estribos.  Gradualmente fuimos reconsiderando todo. Introdujimos el concepto de salas de parto más hogareñas: una habitación pequeña sin aparatos médicos visibles para que las mujeres se sintieran cómodas”.

Recuerda que en esa época, la visión de un hospital era el de un lugar al que ibas cuando te enfermabas o cuando ibas a morir.  Cuando cambiaron el entorno y la ambientación de la Unidad de Maternidad, acudió una mayor cantidad de mujeres, incluso se trasladaban desde muy lejos. El Dr. Odent de atender 200 partos al año pasó a 1.000!

A las mujeres les ofrecían la oportunidad de meterse en una piscina pues habían notado que estar en el agua reducía no sólo el dolor durante el trabajo de parto y el alumbramiento sino también la necesidad de cirugía. Hacían el trabajo de parto acompañadas y ayudadas por sus parejas y otras personas queridas, quienes tenían un rol más activo. Pintaron las paredes del cuarto de alumbramiento acuático de color azul, con delfines, y a muchas mujeres les entusiasmó la idea de meterse en la piscina.

“El objetivo principal era romper un círculo vicioso. Reemplazar los medicamentos, ya que todos tienen efectos secundarios”, refiere el obstetra. El agua parecía reducir la necesidad de tomar esos medicamentos y como resultado había menos complicaciones.

Odent animaba a las mujeres a dar a luz en la posición que sintieran que les era más natural. Ocasionalmente los bebés nacían bajo el agua. Tras estar en el vientre en un fluido cálido durante 9 meses, las nuevas vidas empezaban en las templadas aguas de la pequeña piscina. Sin embargo, aclara que esto fue pura casualidad ya que ese no era el objetivo.

No obstante, señala, el solo hecho de estar cerca del agua, de escuchar su sonido cuando se está llenando la piscina, parecía tener un efecto inmediato en las mujeres parturientas. El doctor Michel Odent vive ahora en Londres y sigue fascinado por la relación entre las personas y el agua. Está a punto de publicar un nuevo libro llamado “El nacimiento del Homo, el chimpancé marino”.

Actualmente en algunos hospitales de Europa y EE.UU. se han incorporado piscinas de parto y en varios países de Latinoamérica existe un fuerte movimiento a favor del “Parto Humanizado”, sobre todo porque rescata una práctica que aplicaban y siguen aplicando muchos pueblos indígenas del continente.

Fuente: BBC Mundo

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