Más información, menos atención

 

Una de las grandes paradojas de nuestra era  es que a pesar de disponer de mayor cantidad de información cada vez somos menos atentos y analíticos, casi nos hacen perder la capacidad de pensar. ¿Cuál es la causa de este fenómeno? Algunos especialistas se están ocupando del tema.

Tim Wu es uno de ellos. Aparte de ejercer como profesor de leyes de la Universidad de Columbia, es especialista en telecomunicaciones y se ha convertido en uno de los más lúcidos analistas de los efectos que tiene la tecnología en nuestra sociedad. Entre sus aportes se cuenta haber acuñado el término “net neutrality” (neutralidad en red) un principio según el cual los proveedores de servicios de Internet y los gobiernos deberían regular los datos que se transmiten por la web para garantizar su “neutralidad”, es decir su imparcialidad y evitar la manipulación a favor de determinados intereses. Principio que es violado constantemente.

En su libro más reciente “El Mercado de la Atención” (The Attention Merchants), Tim Wu hace una descripción reveladora, ambiciosa y urgente de cómo la captura y reventa de la atención humana se convirtió en la industria definitoria de nuestro tiempo. Traza la historia de la industria de la atención, es decir, de las empresas y negocios que se dedican a captar la atención humana para vender anuncios o, más recientemente, para extraer datos que permitan manipular ideológica, política o económicamente a determinada audiencia, perversa función de la psicometría y el Big Data. Esto tiene sus orígenes por lo menos en la década de 1830 en las publicaciones sensacionalistas de algunos diarios (el famoso “amarillismo”) y alcanza su madurez y sofisticación, por supuesto, en Internet y la economía de la atención.

Wu se basa en la observación del Premio Nobel de Economía, Herbert Simon: En un mundo rico en información, esta riqueza significa carencia de otras cosas: una escasez de aquello que esa información consume. Lo que la hiper información consume es un tanto obvio: consume la atención de sus receptores. De allí que tanta información crea una pobreza de atención, ya que el receptor no alcanza a ubicarse eficientemente entre la sobreabundancia de fuentes informativas.

Muchos investigadores coinciden en que un diagnóstico general de la sociedad moderna muestra que todos tenemos déficit de atención, como consecuencia de la hiperestimulación a la que estamos sometidos”. En casi todos los momentos de nuestras vidas, nos enfrentamos a un aluvión de mensajes, seducciones publicitarias, marcas, redes sociales patrocinadas y otros esfuerzos para atraer nuestra atención. Pocos momentos o espacios de nuestra vida permanecen sin ser invadidos por los “mercaderes de atención”, contribuyendo al clima desenfocado y distraído de nuestro tiempo. El negocio de las  empresas multinacionales depende de eso.

Nunca antes hubo tantos estímulos. Recibimos gran cantidad de información pero de menos calidad y esta hiperestimulación está atrofiando nuestra capacidad de discernir y filtrar lo que recibimos. Realmente más que informados estamos “dateados” y la mayoría de las veces mal dateados.

Tim Wu argumenta que esta condición no es simplemente el subproducto de innovaciones tecnológicas recientes, sino el resultado de más de un siglo de crecimiento y expansión en las industrias que se alimentan de la atención humana. Desde el nacimiento de las agencias de publicidad hasta la explosión de la web móvil; desde la invención del correo electrónico a los monopolios de atención de Google y Facebook; desde el show de Ed Sullivan a marcas famosas como Kim Kardashian y Donald Trump, el modelo de negocio básico de los “comerciantes de atención” nunca ha cambiado: diversión gratuita a cambio de un momento de su atención, vendida a su vez al anunciante con las mejores ofertas. Wu denuncia el asedio implacable de nuestra conciencia, desde el control remoto hasta la transmisión de grandes eventos públicos. Pero deja en claro que los “mercaderes de atención” siempre están adquiriendo nuevas cabezas, incluso cuando sus medios para entrar en nuestras mentes están cambiando nuestra propia naturaleza (cognitiva, social, política y de otro tipo) de formas inimaginables, incluso hace apenas una generación.

Es motivo de preocupación y merece reflexionar en torno a esta idea de que existe una relación bidireccional entre la información (especialmente cuando es presentada en estímulos agresivos) y la atención. La información promovida por los “mercaderes de la conciencia” demanda nuestra atención y cuando somos cautos y no se la damos, desarrollan técnicas sutiles y burdas para pescarnos. Hasta hace poco se creía popularmente que más información siempre era equivalente a un beneficio, pero hoy  más que nunca es más claro que la información debe saberse filtrar y desechar para liberar espacio físico y mental. Para poder movernos con autonomía en esta pecera digital debemos aprender a cultivar y controlar nuestra atención, lo cual significa, en parte, renunciar al exceso de información. No olvidemos que todo exceso es negativo y afecta nuestra Calidad de Vida.

A.R.

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