El cáncer de mama más antiguo

La primera mujer con cáncer de mama sería una egipcia de hace 4.200 años, según un grupo de investigadores que anunciaron su hallazgo en diciembre de 2017. El descubrimiento se produjo en el sur de Egipto, a mil kilómetros de El Cairo, río Nilo abajo, en la ciudad de Asuán, antiguamente llamada Elefantina. Los restos se encuentran en un buen estado de conservación, lo que permitió estudiar con más facilidad los signos de la patología mamaria.

Miguel Botella, antropólogo forense, catedrático de la Universidad de Granada, España y líder del equipo de investigadores, contó que el osario fue descubierto casi de casualidad, cuando, en enero de 2015, se dirigía a estudiar otra momia que había descubierto. “Vi entonces una vértebra enterrada en la arena”.  El especialista refiere que en una primera observación de ese hueso, intuyó que la persona habría sufrido cáncer. Pero no es fácil confirmar el diagnóstico médico a una momia egipcia porque está terminantemente prohibido sacar ningún resto ni muestra del lugar. Así que hubo que esperar dos años hasta conseguir los permisos necesarios para el traslado de la momia al hospital de Asuán.

Angel Rubio y Miguel Botella (izq.) al presentar los resultados de la investigación

Allí, “con uno de los mejores TAC del mundo realizamos más de 3.000 cortes de un milímetro al cuerpo y, finalmente, pudimos ratificar el diagnóstico: cáncer de mama”, declaró Botella, quien destaca dos conclusiones principales de su pionero diagnóstico: “Por un lado nos revela que el cáncer de mama existe desde siempre, está en todos los momentos de la humanidad; y, por otro que esta mujer tuvo gente con recursos que la acompañó, dedicó su tiempo a alimentarla, a cuidarla y  asistirla”.

Respecto al diagnóstico señaló lo siguiente: “Se trata de una mujer de entre 35 y 40 años, que vivió en el año 2.000 antes de nuestra era. Se enfrentó a una situación de dolor insoportable provocada por una metástasis completa, desde los dedos de los pies hasta la cabeza. Tuvo que sufrir muchísimo. Debió estar al menos tres años viva mientras la metástasis crecía. El esqueleto muestra un caso muy avanzado de cáncer de mama con sus lesiones características. La metástasis provocó lesiones líticas, por lo que el hueso aparece apolillado con los bordes irregulares”.

Interrogado sobre si en esa época existía algún método curativo o al menos paliativo, el investigador explicó que “no tenían nada para curar esa enfermedad pero sí sabían ya cómo utilizar el opio para paliar los dolores”, por lo que el opio y las atenciones de sus acompañantes serían quizás los únicos consuelos para esos tres años de intensos dolores.

Este relevante descubrimiento cuestiona las tesis de quienes hasta ahora habían considerado el cáncer de mama como resultado de la vida moderna y del aumento de la longevidad. “Las lesiones podrían ser idénticas a las de una paciente actual de cáncer de mama aunque ahora los tratamientos paliativos evitan que se alcance ese nivel. Han pasado tan solo 4.500 años que, al fin y al cabo, en la evolución humana es mínimo”,  concluye el prestigioso antropólogo forense Miguel Botella, que ha desarrollado su labor en sitios arqueológicos de México, Perú, Kenia o Francia.

Prensa Funcamama

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