Telómeros, claves de la juventud y el bienestar

Cuanto más cortos sean tus telómeros más corta será tu vida. Afortunadamente, podemos prevenir el acortamiento de los telómeros, incluso alargarlos, con un estilo de vida saludable.

Los telómeros son como los escudos protectores del ADN de nuestras células. Su nombre, de origen griego, significa literalmente “parte final”, y es que los telómeros son eso: los extremos de los cromosomas, algo parecido a las puntas de plástico de  las trenzas de los zapatos. Pero son partes del ADN muy repetitivas y no codificantes: su función principal es proteger el material genético que porta el resto del cromosoma.

A medida que nuestras células se dividen para multiplicarse y para regenerar los tejidos y órganos de nuestro cuerpo se va reduciendo la longitud de los telómeros, y por eso con el paso del tiempo se hacen más cortos. Cuando finalmente los telómeros se quedan tan pequeños que ya no pueden proteger el ADN, las células dejan de reproducirse: alcanzan un estado de senectud o vejez. Por eso, la longitud de los telómeros se considera un “biomarcador de envejecimiento” clave a nivel molecular, aunque no es el único, y en años recientes ha atraído la atención de numerosas investigaciones.

Telómeros y salud

La longitud de los telómeros es uno de los biomarcadores más precisos del paso del tiempo en tu organismo, y también de tu salud . Hay una relación directa entre edad y longitud de los telómeros, pero también entre telómeros cortos y enfermedad coronaria, cáncer y mortalidad general.

¿Pero envejecemos porque se acortan los telómeros o se acortan los telómeros porque envejecemos? Ambas cosas. Por un lado, el acortamiento de los telómeros es una simple consecuencia del daño acumulado con los años. Por otro lado, acortar directamente los telómeros acelera la posibilidad de enfermemarse, mientras que alargarlos permite vivir más y controlar el riesgo de enfermedad.

Ningún indicador aislado es un reflejo real de tu salud, y la longitud de los telómeros no es una excepción. Pero entender cómo distintos comportamientos nos afectan a nivel celular nos puede motivar a cambiar. El mensaje es claro: tus hábitos impactan directamente la longitud de tus telómeros.

Los comportamientos o entornos poco saludables aparecen ligados a telómeros más cortos, entre ellos se cuentan los siguientes: Sedentarismo, Obesidad, Estrés crónico, Fumar, Falta de sueño y Consumo frecuente de bebidas azucaradas, alimentos refinados y carnes procesadas.

Hay cuatro estrategias comprobadas para minimizar el impacto de los factores de riesgo en tus telómeros y contribuyen a alargarlos: Mantener un estilo de vida saludable, Practicar ejercicios, Hacer Meditación y Apoyo social (El aislamiento social acorta los telómeros en animales y siendo el ser humano la especie más social, es de esperar que el efecto en nosotros sea todavía mayor. No te aísles).

Tus telómeros responden a tus hábitos. Así que vale la pena mejorarlos. ¡Larga vida (y mucha longitud) a tus telómeros!

Prensa Funcamama

 

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