Un mito que arruina la vida de las mujeres

El Mito de la Belleza, hace que las mujeres sólo sean valoradas por su aspecto físico, un patrón que las somete a un estilo de vida limitante y opresivo, por tanto nada saludable.

En 1990, la escritora Naomi Wolf publicó un ensayo titulado “El Mito de la Belleza”, en donde describe este mito como la creencia de que la belleza es un rasgo biológico que los hombres buscan en las mujeres para asegurar una descendencia fuerte o saludable.

“El mito de la belleza se basa en esto: la cualidad llamada ‘belleza’ tiene existencia universal y objetiva. Las mujeres deben aspirar a personificarla y los hombres deben aspirar a poseer mujeres que la personifiquen. Es un imperativo para las mujeres pero no para los hombres, y es necesaria y natural, porque es biológica, sexual y evolutiva. Los hombres fuertes luchan por poseer mujeres bellas, y las mujeres bellas tienen mayor éxito reproductivo que las otras. La belleza de la mujer debe correlacionarse con su fertilidad, y como este sistema se basa en la selección sexual, es inevitable e inmutable”, refiere Naomi Wolf.

Es decir, le han hecho creer a las mujeres que es “natural” que a los hombres les gusten cierto tipo de féminas por encima de otras. Como si lo bello fuera necesariamente de la mano con lo sano y lo “natural”.

Sin embargo, la mayoría de las mujeres saben que esta afirmación no podría ser más falsa, ya que los estándares de belleza son todo menos saludables y parten de una construcción social y no de una “preferencia biológica”. Por ejemplo, los estereotipos promovidos por los medios masivos a través de telenovelas y concursos de belleza, entre otros.

Es decir, son patrones impuestos, las mujeres no nacen con ellos, los aprenden y acatan prácticamente desde que nacen. Y al aprenderlos, también aprenden que deben adaptarse a ellos; que sus cuerpos y rostros serán más aceptados entre más se acerquen a ese ideal prácticamente imposible que alimenta el mito de la belleza y que se alinea a cierto tipo de rasgos de la cultura hegemónica: delgadez y blancura, por ejemplo. Esto ocasiona que la mayoría de las mujeres vivan infancias y adolescencias muy difíciles y dolorosas: comparándose con sus compañeras, poniéndose a dieta, juzgándose y esforzándose por encajar en lo que la sociedad espera de ellas.

Recientemente en las redes sociales se desató un fenómeno bajo la etiqueta o hashtag #MitodelaBelleza, que en pocas horas se volvió viral. Usando esa etiqueta, varias usuarias mexicanas comenzaron a contar de qué manera la imposición de la belleza ha marcado sus vidas.  La iniciativa surgió a partir del resultado de un concurso de cambio de imagen, llamado “Maquillaje extremo”, que desde hace cuatro años realiza una afamada animadora de TV mexicana. Las mujeres compiten por la oportunidad de asistir al programa para que unos estilistas le hagan un cambio de imagen. Dicho programa generó una ola de críticas e inició un debate en torno a cómo las mujeres (desde niñas) han sido sometidas a estándares de belleza. Después que se difundiera en Twitter la transformación a la que dos mujeres se sometieron durante el programa, una lectora, Tania Tagle, escribió:

“Oigan, vamos a usar #MitodelaBelleza para contar cómo el ‘deber ser bellas’ nos ha jodido y controlado la vida. ¿Le entran?”.

A su publicación le siguieron decenas de respuestas, en las cuales mujeres narraron cómo (desde pequeñas) se les ha juzgado y condicionado por su aspecto físico.

Al entrar en #MitodelaBelleza se pueden leer las experiencias de cientos de mujeres, algunas realmente impactantes como esta: “Mi abuela se despertó a las 4 am durante 40 años para que mi abuelo no la viera sin maquillaje”. Es asombroso como las mujeres siguen siendo el conglomerado humano más oprimido pero de una opresión menos visible por institucionalizada, ya que, como apunta Naomi Wolf, mientras que la mayoría de los mandatos femeninos (como casarse o tener hijos) se han venido superando poco a poco y las mujeres han ganado libertad sobre sus decisiones, la exigencia de belleza sigue oprimiendo a la mayoría, no solamente ocasionándoles depresión, ansiedad y trastornos alimenticios sino enfrentando a las mujeres entre ellas y obligándolas a competir y atacarse. Liberarse del mandato de ser bellas (además de trabajar y ser perfectas amas de casa) y aprender a amarse y cuidarse es una de las revoluciones más importantes que pueden realizar las mujeres.

Prensa Funcamama

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