Pequeña gran historia de un lazo

El origen de este símbolo se remonta a 1992, con dos mujeres como protagonistas: Alexandra Penney y Evelyn Lauder.  Alexandra era editora de una revista orientada al público femenino con la que ese año decidió realizar una edición especial para llamar la atención sobre una patología que silenciosamente estaba cobrando la vida de muchas mujeres. Evelyn Lauder, para aquel momento vicepresidenta de Estée Lauder, fue invitada a participar en el proyecto como editora asociada. Ambas idearon hacer lazos y que estos fueran distribuidos por la compañía de cosméticos para promocionar la prevención del cáncer de mama.

En un principio, la iniciativa de Alexandra y Evelyn no estaba asociada a ningún color distintivo. Por aquel entonces, Charlotte Hayley, tras superar un cáncer de mama, había emprendido su propia campaña vendiendo lazos de color melocotón hechos por ella misma. El objetivo de su campaña era hacer un llamado a la opinión pública de Estados Unidos, y sobre todo a sus legisladores, para que se destinara más presupuesto anual al Instituto Nacional del Cáncer.

Penney y Evelyn se interesaron por la causa y ofrecieron a Hayley trabajar juntas. Sin embargo ésta rechazó la propuesta por tener un objetivo demasiado comercial. Penney y Evelyn continuaron con su proyecto y decidieron adoptar el color rosa (en vista que las más afectadas eran las mujeres) para expandir un mensaje que destacara la importancia del autoexamen y de hacerse chequeos médicos oportunos para prevenir el cáncer de mama.

La campaña tuvo enorme éxito y pronto este símbolo se extendió por todo el mundo convirtiéndose en un icono asociado al cáncer de mama. Tal es su fama que desde el año 2000 los edificios más emblemáticos de Estados Unidos se iluminan con focos y lazos rosados todos los 19 de octubre.

Desde entonces, el lazo rosado está presente en todas las campañas de concientización y prevención promovidas por fundaciones, ONG´s, empresas privadas y gobiernos.

Prensa Funcamama

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