Cuida tu salud emocional

 La Salud Mental es un tema muy oportuno en el momento actual cuando la crisis de la pandemia afecta considerablemente nuestra estabilidad emocional, ya que estamos expuestos a continuos estados de ansiedad ante el futuro.

Ante esta circunstancia, una de las mejores herramientas es la inteligencia emocional. Más allá de la moda, la inteligencia emocional no es sólo un factor de «éxito social», su mayor importancia es que se trata de un componente clave de la salud. O, mejor dicho, una carencia de inteligencia emocional suele traducirse en problemas de salud física y mental, sobre todo porque una parte esencial de la salud es la capacidad de formar vínculos afectivos y comunicar nuestras emociones a los demás.
En relación con este tema, el sitio de medicina WebMD  publicó una nota realizada por un psicólogo clínico en la que se identifican ocho aspectos que delatan una baja inteligencia emocional. La intención, por supuesto, no es hacer sentir mal a la persona que se identifique con con estas características, sino hacer notar que la inteligencia emocional no es algo fijo, con lo que uno nace, sino que es mucho más fluida que el IQ (Coeficiente intelectual), por ejemplo, y a través de ciertas pautas o de terapia es fácil desarrollar una mayor capacidad de estar atento a las emociones de los demás y mostrar señales de empatía.

Recuerda que la empatía, para decirlo en lenguaje coloquial. es «ponerse en el lugar del otro». Una persona empática es capaz de comprender al otro al punto de poder sentir lo que la otra persona siente y de entender sus estados mentales de manera sincera. En la empatía hacemos que el otro se sienta comprendido y favorece la interacción con el o ella.

1. Tienes dificultad para «leer» las emociones de los demás.-  Un aspecto importante de la inteligencia emocional es la capacidad de estar al tanto de lo que las personas dicen y expresan y ser capaz de leer lo que están experimentando. Esto permite responder favorablemente y formar vínculos.

2. Continuamente no sabes lo que sientes.- Lo mismo ocurre pero con la propia persona. Si uno no es capaz de  saber lo que siente, es muy fácil que las emociones controlen nuestra vida o que, por otro lado, vivas frecuentes episodios de duda e incertidumbre.

3. Se te dificulta entender por qué se tienen ciertas emociones.- Esto tiene que ver no sólo con detectar la emoción sino entender su significado o aquello hacia lo cual está tendiendo la emoción. Entender el significado de una emoción permite desarrollar empatía.

4. Te es difícil controlar tus emociones.- Esta es la más obvia de las ocho. Se trata, por supuesto,  de ser capaz de hacer una autorregulación, para evitar sufrir de manera innecesaria.

5. Las emociones interfieren en tu capacidad de trabajar y responder a problemas.- Debido a que la persona no es capaz de controlar o interactuar con sus emociones o las de los demás esto hace que sea difícil enfrentar problemas y reduce su efectividad y productividad.

6. Las personas notan que te falta empatía.- Puede llegar a suceder que las personas se dan cuenta de que alguien no tiene la sensibilidad emocional para responder a lo que una persona está viviendo, a resonar con sus sentimientos y a ofrecer cuidado. Una falta de empatía puede hablar simplemente de que una persona no tiene inteligencia emocional.

7. Ofendes a las las personas sin saber por qué.- De nuevo esto habla de una falta de captación de las emociones propias y extrañas, que además acaba produciendo problemas en el trabajo o en la familia.

8. Sueles tener problemas en tus relaciones.- Los vínculos personales son el entorno por antonomasia donde se pone a prueba la inteligencia emocional que podamos tener. Un ejercicio relativamente sencillo para darnos cuenta del tipo de relaciones que cultivamos podría ser pensar en aquellas personas que frecuentamos más –padres, amigos, compañeros de trabajo, vecinos incluso–, hacer una lista y evaluar cada una según la manera en que nos relacionamos con ellas. ¿Son relaciones saludables? ¿En general estamos en buenos términos con esas personas? ¿Podría decirse que se trata de vínculos caracterizados por el afecto, la confianza, el respeto mutuo, la solidaridad y otros valores afines? O, por el contrario, se trata de relaciones más bien problemáticas, donde se abusa y se ofende, donde no es posible confiar por completo en esa persona y que, en una suerte de balance general, aportan más malestar que bienestar a tu vida.

Si esto último es el caso, quizá valdría la pena evaluar para ti mismo el nivel de conocimiento que tienes de tus propias emociones. Quizá tengas problemas para confiar en otras personas; quizá, por razones de autoestima, toleras relaciones abusivas con tal de no experimentar soledad o desamparo; quizá seas tú quien con tus conductas generas conflictos en otras personas.

En cualquier caso, examina tus emociones, haz el trabajo de conocerte y saber por qué sientes lo que sientes y por qué actúas como actúas. En general, si puedes adquirir ese conocimiento sobre ti mismo, muy posiblemente muchos otros aspectos de tu vida funcionarán mejor y tendrás más calidad de vida.

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