Femicidio y feminicidio

En estos tiempos de pandemia, el estrés, la falta de Ingresos, la ansiedad y el aislamiento han contribuido a exacerbar la Violencia Doméstica, por lo cual hay que mantenerse alerta y tomar las precauciones necesarias para evitar que deriven en casos más graves. Por ello es importante conocer y reflexionar sobre lo que significa e implican el femicidio y el feminicidio.

Sigue siendo preocupante el alto porcentaje de casos de violencia doméstica, la cual se ha incrementado con la crisis de la pandemia. Ni los juzgados ni la policía saben del grueso de la violencia machista. Las mujeres viven en un sistema que las hace sentirse doblemente maltratadas. La mayoría continúa siendo padre y madre. Dedican sus horas de trabajo a ocupaciones mal remuneradas o sin paga. Está discriminada por subempleos, bajos salarios y contratos precarios. La igualdad está en la ley pero ni en instituciones, partidos políticos o empresas se cumple la misma paridad. Todavía son muy escasos los espacios de participación para las mujeres. Igual se les irrespeta en su cuerpo y en sus ideas.

La violencia contra la mujer puede ocurrir en cualquier ambiente, ya sea en el hogar, la calle e incluso en el entorno laboral. Aunque el maltrato físico es más fácil de identificar, existen otros comportamientos y actitudes que también pueden esconder la violencia. Es por ello que, de no identificarse con tiempo, puede convertirse en un caso de femicidio.

En el ámbito jurídico venezolano, anteriormente los asesinatos de mujeres no tenían un nombre ni calificativo. El femicidio en Venezuela se tipificó por primera vez en la reforma de la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, el 25 de noviembre de 2014, en Gaceta Oficial número 40548 y se define como “la forma extrema de violencia de género, causada por odio o desprecio a su condición de mujer, que degenera en su muerte, producidos tanto en el ámbito público como privado”.

Sin embargo, no se debe confundir femicidio con feminicidio. El primero se refiere (tal como lo establece el texto legal antes citado) al asesinato de una mujer a manos de un hombre por odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad. Es un asesinato misógino cometido por amantes o parejas, ex amantes, acosadores, agresores sexuales y violadores.

En cuanto al feminicidio la investigadora mexicana Marcela Lagarde acuñó este término,  incluyendo la variable de impunidad que suele estar detrás de estos crímenes, es decir, la inacción o desprotección del Estado frente a la violencia hecha contra la mujer. Lagarde lo hizo con el propósito de denunciar la falta de respuesta del Estado en estos casos y el cumplimiento de sus obligaciones internacionales de garantía, incluso el deber de investigar y de sancionar. Por tanto, lo considera un crimen de Estado. Se trata de “una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad”.

Este crimen contra la mujer es tan antiguo que podríamos rastrear sus antecedentes en el “hostis” del derecho romano (de donde deriva la palabra hostilidad). Era el odio al diferente o al extranjero, el cual carecía de todos los derechos que amparaban al ciudadano romano. Las mujeres han pasado por momentos crueles e históricamente peores como el “Malleus” de la Inquisición o “Martillo de las Brujas” para enfrentar una supuesta conjura del diablo con ellas. ¿Qué fue el Malleus? A finales de la Baja Edad Media (1487), apareció el “Malleus Maleficarum”, obra de los inquisidores  James Sprenger  y Heinrich Kraemer que recoge la experiencia cruel del oscurantismo reivindicando la misoginia y el antifeminismo que se expresó en ejecuciones como las famosas quemas de brujas o apedreamiento de las “pecadoras”, entre otras crueldades. La mayor concepción perversa y discriminatoria contra la mujer tiene su antecedente en el Malleus y pareciera que cinco siglos después no ha pasado. Es a finales del siglo XX cuando se establecen los conceptos de femicidio y feminicidio para defender los derechos humanos de la mujer.

El terrible libro de Sprenger  y Kraemer ha podido caer en el olvido pero su espíritu cruel y punitivo aun recorre el mundo con esa mirada de siglos atrás. No podemos permitir que se abran más capítulos. Es necesario que se castigue la muerte violenta de la mujer en América Latina y en cualquier lugar. Esta temporada de pandemia debería servir también para vacunarnos contra este virus social.

Arnaldo Rojas

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