Presente y pasado de la mascarilla

Uniforme y máscara de los médicos en la peste negra, siglo XVII

 

Quién se iba imaginar que, hace tan solo un año, esa pequeña prenda se convertiría en la gran protagonista de esta pandemia global de covid-19. Aunque parezca algo nuevo, la mascarilla tiene una larga historia. 

 

Y pensar que en Occidente veíamos como algo exótico el uso de ese accesorio que cubre el rostro, como la burkha, el niqab o el chador en los países islámicos o el tapabocas de los turistas japoneses . Además, en un tiempo la mascarilla estuvo limitada a ladrones de bancos. Pero ahora su uso es tan común que nos acostumbramos a que forme parte de nuestra vestimenta. Por cierto,  aquí en Venezuela le hemos incorporado diversas variantes decorativas: carita feliz, bandera nacional, logos de empresas, símbolos de superhéroes y pare de contar.

Lo cierto es que ya forma parte de la “nueva normalidad”. Y si bien se ha vuelto normal no es algo nuevo. ¿Cuál es el origen de esta prenda como recurso para ayudar a frenar epidemias?

Aunque las mascarillas más antiguas se utilizaron para disfrazarse, ponerse una mascarilla protectora se remonta al menos al siglo VI a.C. En las puertas de las tumbas persas se encontraron imágenes de personas con telas sobre la boca. Según apuntó Marco Polo en sus crónicas de viajes, los sirvientes de la China del siglo XIII se cubrían la cara con bufandas tejidas. La idea era que el emperador no quería que el aliento de sus súbditos afectara el ambiente ni el olor y sabor de su comida.

Uno de los antecedentes de lo que sería el uso de la mascarilla protectora, lo encontramos en el siglo XIV, cuando la Peste Negra, la plaga que azotó Europa por primera vez, produjo al menos 25 millones de personas fallecidas entre 1347 y 1351. Se creía que la enfermedad se propagaba a través del aire envenenado o “miasma”, creando un desequilibrio en los fluidos corporales de una persona. Entonces, intentaban evitar que el aire fétido les llegara cubriéndose la cara con un pedazo de tela o llevando ramilletes de plantas medicinales aromáticas para aspirar su olor.

El símbolo de esta plaga, que por estos días se ha vuelto a divulgar, es la siniestra imagen de los médicos que, para protegerse, se cubrían con bastas y guantes negros y una máscara de pájaro que los hacía parecer la Sombra de la Muerte. Esta vestimenta surgió  durante el brote final, a mediados del siglo XVII.

Pero el uso médico de la mascarilla, data, según los registros históricos, a los tiempos de la llamada Peste de Manchuria, que afectó a gran parte de China a principios del siglo XX. Uno de los médicos que lideró la lucha contra esa enfermedad fue Wu Lien-teh, y se le considera uno de los precursores del uso  la mascarilla para procedimientos médicos. En 1935 fue candidato al Premio Nobel de Medicina, el primero de su país. por sus aportes a la gestión y control de epidemias.

En aquella época la mitad de los médicos y enfermeras que atendían la emergencia morían por un problema que nadie había tomado en cuenta y que el Dr. Wu detectó al realizar la autopsia de uno de los fallecidos: el virus se propagaba por el aire y tenía una letalidad cercana al 100%.

A partir de este hallazgo se le ocurrió utilizar  una mascarilla de tela, que se convirtió en la precursora de la mascarilla N-95, una de las más usadas, especialmente por el personal médico, durante la actual pandemia. Pero no fue la única medida que tomó: también aisló a los infectados, creó una lista de turnos para enfermeras y médicos, fumigó los lugares de atención y finalmente recomendó el distanciamiento físico en los centros médicos.

En cuanto al uso masivo de la mascarilla para evitar contagios, se remonta a 1919, cuando un brote de influenza al final de la Primera Guerra Mundial se convirtió en una pandemia mundial devastadora. Fue apodada la gripe española, porque España fue el primer país en informar sobre el brote, y en ella murieron alrededor de 50 millones de personas. Se cree que la propagación del virus fue intensificada por los soldados que regresaban de las trincheras en el norte de Francia. Las tropas se apiñaban en camiones y vagones de tren lo que facilitó que la infección, altamente contagiosa, se propagara entre los soldados. Luego se extendió desde las estaciones de tren hasta el centro de las ciudades y  los suburbios.

Las empresas, para no detener sus operaciones, intentaron frenar la propagación de la infección rociando una solución antigripal en sus instalaciones así como en estaciones de tren, vagones  y autobuses y haciendo que sus empleados usaran mascarillas. Se lanzó una fuerte campaña exhortando a todo el mundo a “usar mascarilla y salvar su vida”. Muchos hicieron la suya con gasa o con telas suaves para protegerse.

¿Encuentra usted algún parecido  con la realidad actual ?

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