Silencio sanador

*Uno de efectos positivos de la pandemia para nuestra salud emocional ha sido descubrir el valor del silencio. Las restricciones y el confinamiento abrieron un período de tregua sonora donde hemos descansado del ruido urbano, los pájaros regresaron para cantar en la mañana y volvimos a ver el cielo estrellado bajo un silencio casi desconocido

Nuestra mente necesita tantos cuidados como nuestro cuerpo y existe una medicina que suele ser subestimada: el silencio. Ahora, recogidos en casa, nos dimos cuenta que el silencio tiene su valor, que sana y nutre, especialmente cuando lo sentimos en nuestro interior. Porque el silencio no es tan sólo ausencia de ruido o de palabras sino una experiencia más profunda. El silencio a nuestro alrededor puede contener muchas cosas pero el tipo más interesante de silencio es aquel que yace dentro de nosotros. Ese silencio que calma las olas de la mente, permitiendo que cese el ruido que impide vernos como somos. El silencio es una forma de comprender, un estado de ánimo, una herramienta de autoconocimiento y sanación.

No hay duda que experimentar el silencio cambia la percepción de las cosas y de uno mismo. La ausencia de ruido nos calma, por el contrario, la estridente sonoridad nos enferma. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el exceso de ruido genera altos niveles de cortisol (hormona del estrés) y propicia varias afecciones como hipertensión, fallas cardiacas e incluso dificultades cognitivas y en la memoria. La OMS también recomienda NO vivir tolerando niveles de ruido iguales o superiores a los 53 decibelios, indicador que superamos antes de la pandemia. Tanto es así que el mapa del ruido en ciudades como Valencia, en zonas de mucha congestión de tráfico marcaba por encima de los 65 decibelios, afectando al 67% de la población. Este ruido proveniente del exterior, se convirtió en un problema de contaminación auditiva, que con las restricciones y el confinamiento se ha reducido considerablemente.

De manera que esta tregua sonora, obligada por la pandemia, nos protege del ruido y es una buena oportunidad para ejercitar el silencio sanador.

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