Los siete pecados digitales

Estos tiempos de pandemia están propiciando la reinvención en todos los aspectos de nuestras vidas, de manera que aquello de “camarón que se duerme se lo lleva la corriente” está más vigente que nunca. Y como estamos en pleno auge de la Era Digital, se impone la necesidad de actualizar lo que se considera pecado en este este espacio virtual.

Desde hace tiempo muchos especialistas coinciden en advertir  que las redes sociales generan emociones y actitudes problemáticas, en particular aquellas que en otras épocas se relacionaron con los llamados “pecados capitales.

Pero a pesar que procesamos esos trastornos a través del humor, es evidente que cada vez somos más conscientes de que las redes sociales son como unos demonios modernos que hacen “pecar” al ser humano. También secuestran nuestra atención, inflaman nuestro ego y nos producen diversos malestares que se disfrazan de placeres momentáneos.

En este sentido, varios investigadores, especialistas en conducta humana y tecnología,  han equiparado cada uno de los siete pecados capitales con una red social. Esto nos permite tomar el pulso sobre cómo se perciben colectivamente estas redes. La más reciente propuesta la expone Spencer Greenberg, quien en un artículo publicado en Scientific American, señala que las redes más usadas en nuestra época encuentran su equivalente con las faltas mayores del imaginario cristiano, de manera que estos serían los siete pecados digitales:

  1. Envidia: Instagram
  2. Pereza: Netflix
  3. Codicia: Amazon
  4. Lujuria: Pornhub
  5. Orgullo: LinkedIn
  6. Gula: Grubhub
  7. Ira: Twitter

Tradicionalmente, el orgullo se entiende como soberbia, y codicia como avaricia, pero para los fines actuales estos “pecados” son más precisos.

Como se puede ver, hay una correspondencia casi perfecta entre el propósito original de cada red social y la contravención a la ley moral implícita en cada pecado.

¿Quién puede negar que Instagram provoca enormes cantidades de envidia en los usuarios que ven fotos increíbles de otros usuarios de élite? Por supuesto, también genera codicia y lujuria y orgullo en aquellos que suben sus fotos y quizá todos los demás, aunque predomina la envidia. Llama la atención que Facebook no aparece en esta lista. Hace algunos años veíamos a Facebook tomar el lugar de Instagram como el sitio de la envidia, pero esto es claramente más propiedad de Instagram, un sitio que pertenece a Facebook. Quizá colocar a Facebook en un sólo pecado sería injusto, ya que de manera más completa los abarca todos. O quizá Facebook ha dejado de ser interesante para las personas “pecadoras”. Por cierto, el autor tampoco incluye a Tik Tok, una red que podría asociarse con el pecado de la Vanidad.

Sea como fuere, esta comparación, aun cuando se plantee en tono de broma, es un indicador  del lugar que ocupan las redes sociales tanto en nuestra vida cotidiana como en nuestro imaginario contemporáneo. Sin duda, una de las preguntas que se desprenden de todo esto sería: ¿Es inevitable que las redes sociales nos induzcan a cometer estos pecados?

En todo caso, una manera de evitar el pecado es hacer uso consciente y responsable de las mismas.

Arnaldo Rojas

 

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