La sociedad paliativa

No solo en el ámbito médico se están desarrollando estudios sobre las causas y efectos de la pandemia sino también en sociología y filosofía han surgido interesantes propuestas de interpretación. Uno de ellos es el que propone el concepto de Sociedad Paliativa, derivado de las nuevas formas de control social que se aprovechan del dolor y el miedo a la muerte.

En un mundo marcado por la inestabilidad y la necesidad de respuestas aparecen planteamientos como el de Byung-Chul Han, filósofo surcoreano radicado en Alemania, quien entre sus principales objetos de estudio se cuentan la actualidad y el impacto social de las nuevas tecnologías digitales en todas sus formas, desde el Big Data (el dataísmo), pasando por la guerra de drones, hasta las redes sociales. Tras publicar “La Sociedad del Cansancio” (2010), donde señala que el hiperconsumismo y el individualismo de las sociedades occidentales condujo a un tipo de sociedad donde los ciudadanos se cansan de sí mismos y de los demás, en su nuevo libro “La Sociedad Paliativa” (2020) reflexiona sobre los trastornos sociales en un mundo afectado por la pandemia de Covid 19.

Allí plantea que el miedo al dolor y la muerte han permitido nuevas formas de control social que casi pasan desapercibidas gracias a la tecnología digital. Denuncia el nacimiento de una nueva política paliativa, una forma de analgésico social que tiene como único fin aumentar el rendimiento productivo, “las personas al servicio de la economía y no la economía al servicio de las personas”. Advierte que una nueva forma de biopoder se hace presente en un contexto pandémico donde el virus “refleja” nuestra sociedad y en el cual el dolor se problematiza de forma abstracta y sin sujeto.

La tesis de Byung-Chul Han es que en la actualidad vivimos en una sociedad que ha desarrollado una fobia al dolor (algofobia). Este miedo generalizado al sufrimiento se refleja tanto en lo personal como en lo social, e incluso en la política. Recuerda que el dolor pone de manifiesto desajustes socioeconómicos, de los que “se resienten mente y cuerpo”. Los medios de comunicación y redes sociales funcionan como analgésicos que ocultan las situaciones sociales causantes del dolor, impiden que el dolor se transforme en crítica al sistema.

Al expulsar de la vida pública los conflictos y las controversias, que podrían provocar dolorosas confrontaciones, se instaura una posdemocracia, que es en el fondo una democracia paliativa.

La política se acomoda en una zona paliativa y pierde toda vitalidad. La ‘falta de alternativas’ es un analgésico político”. Por ello propone un nuevo concepto que denomina la política paliativa, es decir que sirve para disimular o encubrir la ineficacia, el burocratismo y la corrupción. La política paliativa no es capaz de tener un proyecto de sociedad o país, ni de emprender cambios profundos que pudieran ser dolorosos pero eficaces. Prefiere echar mano de analgésicos, que surten efectos provisionales y que no hacen más que tapar las disfunciones y los desajustes sociales.

El autor acota que un gran aliado de esta política paliativa son los medios digitales. “Permanentemente somos vigilados y manipulados por plataformas digitales, que seleccionan y explotan nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones. El internet de las cosas extiende la vigilancia a la vida real.

“La sociedad paliativa resulta ser una sociedad de la supervivencia. Cada cual cuida de lo suyo y le teme al otro. El virus es el espejo de nuestra sociedad. Refleja la sociedad en que vivimos”, afirma Byung-Chul Han, quien agrega que la pandemia recrudeció los sentimientos más reaccionarios y conservadores de las personas: “La muerte domina por completo la vida. La vacía convirtiéndola en supervivencia”.

Donde fallan las apreciaciones de este autor es que generaliza y su punto de vista es pesimista, como si esta sociedad paliativa fuera una especie de “catástrofe natural” y por tanto no se pudiera modificar. Y sabemos que toda creación humana (y la sociedad paliativa lo es) está sujeta a cambios. Pero sus señalamientos son válidos y aportan valiosos elementos para reflexionar en la búsqueda de un mundo mejor.

 Arnaldo Rojas

Ilustración: Pete Kreiner

 

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