Por estos días Shakespeare se ha puesto de moda gracias a la película “Hamnet”, basada en la novela del mismo nombre de Maggie O’Farrell y a la canción de Taylor Swift “Fate of Ophelia” (El destino de Ofelia) inspirada en un personaje del gran dramaturgo inglés. Así que, aprovechando esta onda, es oportuno recordar que Shakespeare aconseja en una de sus obras más conocidas que no solo se debe resistir ante las situaciones adversas sino aprender de ellas para superarlas y salir fortalecidos.
El duelo excesivo por lo que ya ha pasado no solo es inútil, sino que puede llegar a ser perjudicial. Hay que aceptar la situación y tener una actitud proactiva ante la adversidad. Es sorprendente encontrar este planteamiento en una obra escrita en 1603, por William Shakespeare (1564-1616), uno de los autores más importantes de la literatura universal. Es decir, ya en esa época propone lo que hoy llamamos resiliencia.
Dicha idea se encuentra expresada en el Acto I, Escena 3 de Otelo, una de sus obras teatrales más famosas, pronunciada por el Duque de Venecia para aconsejar a Brabancio, quien está afligido porque su hija se ha casado en secreto con Otelo, algo que considera como una gran desgracia.
“¿De qué sirven el llanto y las quejas cuando no hay esperanza? Lamentarse de una calamidad es la mejor manera de atraer nuevas calamidades. En cambio, el alma que adopta una serena firmeza burla los embates de cualquier infortunio”.
De esta forma, el Duque le aconseja que acepte lo sucedido y que siga adelante. Es una reflexión que mantiene vigencia en la actualidad, porque defiende el “dejar las desgracias atrás” porque si no, generarán nuevas desdichas en el futuro.
La frase que emplea Shakespeare en su obra es un aforismo sobre la resiliencia y aceptación del pasado, sugiere que no avanza el que se aferra a lo que ya pasó, sino el que aprende, prueba, se equivoca y ajusta el rumbo. Nos invita a considerar los siguientes aspectos:
*El peligro de la inacción y la melancolía: El dramaturgo señala que un duelo excesivo y, sobre todo, improductivo, por lo que ha pasado, no solo es inútil, sino también perjudicial. Estancarse en el dolor y la autocompasión impide ver las oportunidades presentes, volviendo débil al ser humano para enfrentar el futuro.
*No engancharse: Si uno se queda enganchado en las desgracias pasadas, puede terminar descuidando su presente, tomando malas decisiones o perder la motivación. Es precisamente esta falta de atención y energía para el futuro la que puede, de forma paradójica, crear nuevos problemas.
*Aceptar para superar: Según el Duque, la mejor manera de mitigar el dolor es aceptar la realidad de la pérdida o de la desgracia. Eso no significa que se apruebe, sino que se reconozcan y comprendan los hechos para poder avanzar.
*Un enfoque proactivo: La reflexión es una clara llamada a ser proactivo: en lugar de lamentarse por lo que no se puede cambiar, resulta más sabio y, sobre todo, constructivo, enfocar la energía en prevenir los futuros problemas, aprovechando de esta manera las actuales circunstancias.
A pesar que Shakespeare la escribió hace ya varios siglos, se trata de una lección atemporal, porque sirve para cualquier momento de la vida. Resalta la importancia de vivir en el presente, aprender del pasado y no permitir que las heridas que no estén curadas oscurezcan nuestro futuro.
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